Una de las experiencias que más echo de menos de los Estados Unidos es ir a un salón de belleza para una manicura y pedicura. En Madrid, hay lugares que tienen este servicio, sin embargo, es horrible. Yo no lo llamaría ‘manicura’ sino un cambio de color de pintauñas.
El servicio no viene con un masaje de por lo menos cinco minutos en los brazos o en las piernas. La gente que lo hace no conoce el arte: No saben como usar el palito para empujar las cutículas, limar las uñas en la forma que el cliente desee – siempre lo hacen redondo sin preguntarme – hay veces cuando prefiero la forma cuadrada. ¡¡¡¡Ugh!!! No lavan las manos aplicando exfoliante, no saben como quitar el esmalte con un algodón y asegurar de limpiar bien las uñas en agua tibia. Saltan todo el proceso y por eso una manicura dura diez minutos. ¿Es que no saben que ir a hacer una manicura o pedicura es una forma de relajamiento? ¿Dónde está el sentido de comodidad? La manera que emplean este proceso es super chungo ¿Dónde se fueron las sillas cómodas, grandes de masaje?